Sin retorno


Aquella noche me sentía herido, solo…un aire fúnebre rodeaba la casa, y yo recordaba a María como los primeros días en que habían nacido nuestros amores, mieles del Edén…sus manos como pequeñas mariposas que descendían a acariciarme, su cuerpo delgado y esbelto que la hacía casi un ángel, su cabello como una cascada de cristal que cubría un rostro pálido y hermoso… Su sonrisa…nada igual a ella, tenía la belleza que nadie nunca entendería, sus cómodos silencios, sus lágrimas, sus risas…su despampanante dulzura, ella llenaba mi vida, ya no me sentía solo; invisible; miserable…era yo con vida. Cuando sus ganas y las mías se juntaban el cielo nos abría sus puertas, piel a piel, sudor, su ungüento en la habitación, besos en el cuello que bajaban con pasión, mientras le sacaba mi camisa, hasta dejarla medio desnuda y sus pechos como pirámide me pedían a grito posar mi boca y en un instante de debilidad voraz me apretaba contra si, reconocía en ella una chispa de mí, me completaba…y comenzaba a gemir, mientras bajaba por su abdomen su mirada dulce estaba sobre mí, con ella algo no era igual que siempre, el sexo me divertía, era dulce e intenso, ella no era una sola… era muchas, las noches eran tranquilas y a veces, solo a veces cuando el deseo nos poseía…despedían gritos de la habitación.. Mis manos sobre sus muslos y aquellas piernas se abrían para mí como si yo fuese su clave, bebida para mí ser, me pedía a gritos, y en un vaivén de cuerpos, entre sudor, gemidos, orgasmos y miradas dulzonas nos quedábamos dormidos…
Pero el sol no siempre sale ¿Qué puedo decir?  Extrañando un fantasma, un alma, sediento de  María, de su cuerpo…. He vuelto a ser aquello que era y respiro medio vivo deseando ya hacerle compañía… en cuchillo atraviesa mi garganta, un rojo perlado desciende por mi camisa blanca y sonrió porque sé que has venido por mí, me has extendido tu mano… Maldito Cáncer!

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