Desacomodandose...


Que inconstante es la vida, y a nosotros nos gusta el juego de imitarla, sin saber que no tenemos tantos super poderes como ella... 
Que nos llama, que nos enamora? si con cada mal cambio nos desarreglamos más el corazón que el cabello.
Si tuviéramos la constancia de los árboles frente a la lluvia seríamos distintos, habríamos aprendido que el agua solo nos deja limpieza, que las personas que llegan no son errores; son solo el punto de inflexión para los grandes cambios. Valoraríamos la calma frente a las decisiones difíciles. No huiríamos sino que esperaríamos el golpe y nos levantáramos con más fortaleza, que fácil mantener la calma cuándo hay felicidad, que fácil mantener una sonrisa un día dónde todo ha ido bien... que fácil mantener la dignidad en el éxito, pero a pocos conozco que conserven la calma, la sonrisa y la dignidad frente a una gran caída. Cuál es el afán de dejarnos seducir de emociones?, mejor llevar el control de los sentidos y tener los pantalones bien puestos, porque aquellos que van a la deriva y viven del hoy y ahora solo cargan desilusiones, pero los que sabemos la conveniencia de dominarnos y la dificultad de controlar todo ese torrencial que somos llevamos la delantera en esta carrera no de velocidad, sino de constancia y control.

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