Cae una noche más, incierta, errante, calida... pero fría en mi corazón.
Me encuentro pensando en ella, en su mirada, en los abrazos, en lo sólo que estoy y lo miserable que me siento, observo el liquido marrón que me calienta y burbujea en la garganta, turbio como mi vida, turbio como mis días, revivo la escena de su muerte, su cuerpo palido lleno de ese rojo vinoso de su sangre en nuestro baño blanco y nuestra alfombra color pastel que tanto le gustaba, no es sencillo imaginar como alguien puede cometer un acto así y librarse del maldito remordimiento, matar a una mujer como Eliza, nunca hubo tal dulzura en alguien, tanta compasión, tanto amor por los demás, y por eso los odio, porque fue el mismo mundo cruel quien me la arrebató, pero juro que si un día encuentro al bastardo lo podría estrangular con mis propias manos sin titubear un segundo.
Escucho crujir las tablas del piso de arriba, y el toc toc en la puerta, observo el reloj- son las 11 P.m- quien es? logro instaurar en tono bajo, pero no hay respuesta, así que alzando la voz pregunto de nuevo: quién es? tampoco hay quién conteste esta vez, me invadé un frío hostil que me recorre de punta a punta, camino despacio por aquella sala sóla, cierro poco a poco cada ventana, cada puerta, y es entonces cuándo siento la mirada clavada en mi nuca, estoy inmovil, rigido como cual tabla, no hay susurros, sólo respiraciones instauradas tan lentamente que nadie podría sospechar su presencia. Dejo que la furia fluya a través de mi ser, que tome cada espacio, cada celula, cada tejido... y siento como se apodera completamente de mi. Doy la vuelta y allí está el mirandome friamente, le grito: porque??? porque mató a mi Elizabeth? sigue allí parado gelidamente y una sonrisa esbosa de su rostro, es allí cuando esfurezo tan locamente que tomo la afilada navaja que se encontraba reposando en la mesa y la retuerzo en sus visceras... sin remordimiento, la sangre es roja, perlada, escarlata, carmesí... hermosa. Casi una hora después alguién llama a mi puerta, sólo provienen quejidos de mi, una sirena está afuera, alguién había escuchado ruidos, pero para mi... ya no hay salvación, el corazón se siente dejando de latir poco a poco, veo a lo lejos en el espejo el reflejo de los cabellos negros de mi Eliza y la veo deslumbrante en sus ropas de dormir medio envuelta en sabanas, mirandome morir, supongo que feliz, a veces pienso que duermes con alguién pero nunca sabes si ese alguién es quién se va a levantar a media noche con sus deseos y pensamientos menos lucidos y será quién te arrebate la vida, ver la expresión de ella al morir me generó el extasis y la tristeza más profunda que nunca halla podido sentir, lo peor vino días posteriores con el hecho de tener que recibir abrazos en su funeral, y haber tenido que decir que un ladrón nos había atacado, pero aquí estaba, con una navaja en mi abdomen y ella mirandome desde lejos, ahora la satisfacción se encontraba en sus ojos, mientras yo, poco a poco cerraba los míos.
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