Tarde de viejos recuerdos, tarde paulatina y melancólica,
tarde toda yo; por hoy me entrego al abrigo enteramente del sol cayendo, de la
brisa susurrando cosas que ya sé pero no quiero, a los pensamientos bajos de lo
que dije que no haría pero quisiera, y lo hago por necesidad, para sentirme
complacida de arriesgarme aunque al final no lo haga, porque tomaré como
victoria el controlar mis sentimientos, ya no seré como los típicos poetas que
mueren mil noches por una sola persona, porque para mí la paz a veces está en
saborear ese pequeño momento en que no le das al otro lo que quería, y hablo de
derrumbarse… que aunque diga que no quería que pasara, hubiese sido feliz con
verte en el piso. Pero a mi edad, que a todas estas no es tanta… aprendí aquello
de valorarse, y quererse; por cliché que suene, porque hay personas que leerían
millares de veces este mensaje con lágrimas en los ojos, asintiendo sobre aquello que en realidad no se atreven a hacer,
no se entregan al dolor de unos breves momentos por el ardor que causa en el
alma, pero claro podríamos ver la escena triste
a los pies de aquellos que una vez los abandonaron, pensando que todo
tendrá arreglo, y créanme soy de esas empedernidas que creen que hay que luchar
por las personas, pero por las que de verdad lo merecen y hay personas que no
han aprendido entre clasificar unas con otras, que pasa con ustedes, por lo
menos si saben acerca de que ponerse cada día? Porque créanme que prefiero ir
de calcetines de colores a la calle, que con el vestido de la auto-traición
diaria, no cargaría el peso en mis hombros de alguien que solo está por estar,
porque aunque no quiero idealizar siempre soñé con que llegaría alguien en cuya
boca mi nombre sonaría diferente.

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