La voz se me ha ido, la vida se
apagó, el mundo sufre una terrible enfermedad…
Veo niños muertos, armas en
campos de batalla, hermanos que no tienen comida…
Veo enfermos que no tienen
medicina.
Hola, soy la esperanza-Una llama
intermitente en el corazón de un país que gime ante añoranzas perdidas- He
caminado por el mundo, con mi luz extinguiéndose, casi desapareciendo… Fría,
lúgubre… me mataron con palabras, con lágrimas, con sangre. Llore con madres junto a cuerpos, tropecé con
niños se arrastraban por un poco de agua. Caminé por selvas, dónde vi cosas que
no debía.
Y seguí… seguí… por pura
inocencia, intentando, esperando… un llamado, una voz.
Pedí ropa pero no me dieron, dormí
en el piso de una calle a la luz de una lámpara que lloró conmigo.
Tuve hambre pero el pan no me
sació…
Me rompí en días lluviosos y
tristes…
Mis ojos se cristalizaron con
ojos agonizantes antes de partir.
Intenté ser amor pero me echaron…
Refugio pero nadie me acogió…
VOZ… pero me callaron…
Y un día cansada, apunto de
partir… Anita de 8 años me vio y sonrió- con la voz quebrada en una fría
madrugada a la derivada en un mundo cruel, me dijo: Ve! Sigue, siempre hay
alguien que te necesita, que te espera. Hay almas en las que vives muy flamante.
Las almas puras siempre lograban ese efecto en mí, de querer hacer un poco más.
Así que caminé con fuerza e imponencia… y canté alto y fuerte:
¡Cesó la horrible noche!
La libertad sublime
Derrama las auroras
De su invencible luz.
La humanidad entera,
Que entre cadenas gime,
Comprende las palabras
Del que
murió en la cruz.

Comentarios
Publicar un comentario