Resulta que el amor te toca el hombro disfrazado de una
boca, de una canción, de un nombre que ya habías dicho, de una cara vista, de
unos ojos que tal vez intestaste leer…
El mundo dice muchas cosas del amor, me pregunto si alguien
se detiene a respirarlo, a absorberlo y mirar la belleza inesperada de lo que
nunca nadie nos ha dicho, de las cosas que nunca hemos contado.
Te remites a una tarde, de las nubladas, de las tristes, tus
ojos están puestos en el tráfico, la mente en lo que harás para que mañana sea
mejor, los mensajes de whatsapp, la pelea de la semana, sigues caminando entre
la gente, entre pensamientos, entre nubes,
y allí están los caramelos que le gustan, te encuentras cruzando la calle… hay
un perro que te mira, cruzas esa puerta y la sra te dice: Cariño que
necesitas… en poco en tus manos está
algo que hace parte de su felicidad y entonces vislumbras la sonrisa y el
gracias que se expandirá de su boca. Allí sabes que su felicidad es la
inmensidad misma que la tuya, como si se hubiese entretejido sola la historia
de unos chicos que nunca pretendieron encontrarse.
No es el amor algo que aparece de un momento, el amor se
forma de momentos, se alimenta de las cosas que has decido, no hay amor de esos
de primera vista, las novelas nos engañaron… el amor se decide, a la vista sólo
te enamoras y ya, no hay razón en ese acto, sólo te gusta alguien y punto, por
tonterías cómo esas, y a falta de verdades cómo esta, hay sistemas límbicos que
se entregan a la primera cita, y se vuelven raudales de llanto cada noche.
Un día, una mañana despiertas tranquilo… el común, la
belleza cotidiana que has forjado en cada día, sólo que algún acto sale del
“común”, se nota que has crecido., has aprendido tus lecciones del “amor” para
cuándo aparece este nuevo ser, un nuevo “Intento”, has madurado, y te dices:
Esta vez lo haré bien…

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